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Las Aguadoras de San Pelayo

POR BANCHY PRETELT

Las aguadoras de San Pelayo, se les llamaba así a las mujeres que proveían de agua a los hogares de tan bella tierra; con sus mucuras al hombro llevaban el agua que sacaban del rio Sinu y que servía para uso doméstico en los hogares, ya que San Pelayo carecía de acueducto. Es por ello se decía que eran el acueducto humano.
En 1980, es creada por Josefa Mendoza, la tradicional Danza Las Aguadoras de San Pelayo, donde un semillero de niños y jóvenes se han formado en la danza sinuana, teniendo al Porro como ritmo principal.
Desde su participación en los desfiles del Festival del Porro, la Danza Las Aguadoras ha rendido homenaje a estas mujeres que fueron pilar en nuestra cultura, las que otrora con ritmos y tonadas hacían sus recorridos desde las casas hasta el rio Sinu y viceversa. Por ello una característica de la Danza Las Aguadoras es la imágen de la tinaja o múcura que lucen en sus atuendos, en sus poster y su logo, era este elemento el que se usaba para suministrar el agua.
Al día de hoy, son 40 años de arduo trabajo en manos de la «Seño Josefa» como cariñosamente la conocemos y llamamos, en que ha llevado a diversos rincones del país este pedacito de cultura ancestral Sinuana y Pelayera. Son las Aguadoras de San Pelayo un símbolo tanto en historia como en nuestro folclor.


41 Festival Nacional del Porro en San Pelayo

Por: Banchi Pretelt

San Pelayo, Córdoba.

Se nos vino ya la versión número 41 del Festival Nacional del Porro en San Pelayo, epicentro bandistico, laboratorio musical, cuna de grandes músicos y tierra fértil que cada año acoge miles de personas que de una u otra forma se interesan por esta forma de vida, por este género musical llamado «Porro», sí, el que no se fuma, el porro que es música, que es danza, que es alegría, que es historia, que es presente, el porro que se lleva en las venas no porque te lo inyectan con una jeringa sino porque como ósmosis penetra en lo más profundo cuando te dejas tocar por el.
Este año el porro se vuelve a vivir en San Pelayo con aires de pueblo, de integración, de rescate de costumbres y tradiciones. Se viven desde ya los Pre-Festivales con los domingos de fandangos paseaos desde los corregimientos cercanos: Pelayito, La Madera, Carrillo, entre otros.
Los domingos pelayeros al parque, con la alegria de las bandas amenizando en el parque los más tradicionales porros.
San Pelayo vive con alegría desde ya la nueva versión del Festival, que tendrá como homenajeado al joven bombardinista Andrés Suárez Hernandez.
Ven prende la vela, mueve tus caderas que San Pelayo te espera del 28 de junio al 3 de Julio de 2017.

El último adiós a Etelvina, la reina del Bullerengue


Etelvina parecía dormida en el ataúd. Lucía el turbante azul celeste que Cecilia Silva (su corista y probable sucesora como cantante del grupo) le regaló en su último viaje a Bogotá. Tenía un maquillaje discreto como le gustaba cuando iba a cantar y la habían vestido con el traje blanco de flores rosadas, rojas y verdes que utilizaba en las galas especiales.
La flor roja de corales que tenía puesto encima de la oreja, la noche del martes, se la habían quitado. En cambio le habían puesto unos pequeños aretes artesanales de perlas que heredó de su mamá en Santa Ana (Barú), el paraíso donde nació el 25 de abril de 1932.


"Mi mamá está bella", decía a cada rato Antonia Salgado, uno de sus nueve hijos, y quien se acercaba cada 10 minutos al féretro para mirarla y llorar.


La noche del lunes, Antonia llamó a su madre para preguntar por su salud como lo hacía todos los días, pues últimamente Etelvina estaba presentando problemas en la voz debido a una creciente afección de tiroides.


Desde el auricular del teléfono, con la voz apagada por la ronquera, Antonia sintió, no obstante, unas renovadas ganas de vivir en la bullanguera, cuando le preguntó por su estado de salud.


"Aquí mija, achacada, pero no quiero morirme.  Lo que quiero es que se me pase esto pronto porque deseo bailar", respondió Etelvina 16 horas antes de morirse.


Etelvina Maldonado murió a las 4 de la tarde del martes, y a sus 78 años le quedaron tantas cosas pendientes por hacer, que más bien parecían planes de una joven figura de la música.


Un viaje a España, una gira por Marruecos y Egipto,  recorrer Colombia, la grabación de un nuevo trabajo musical con canciones propias y la creación de un escuela musical en el barrio Flor del Campo, eran los asuntos que tenía entre sus planes para este año.


Este miércoles, en el Centro Cultural Las Palmeras, donde la administración distrital dispuso su velación, los familiares cercanos, amigos y seguidores de la famosa cantadora le rindieron honores y contaron detalles de la vida de la menuda mujer que tenía una voz tan nítida y potente que no parecía de ella.


De un parlante dispuesto en el patio del centro cultural, la voz de Etelvina recibía a sus amigos y familiares y era inevitable recordarla en sus mejores momentos, como la noche fastuosa que alternó con Petrona y 'Totó' en la Plaza de la Paz en Cartagena y en la que por poco sale en hombros de estas dos veteranas cantadoras que no ahorraron elogios para con  'la más nueva del gremio'.


Martina Camargo, también cantadora y quien compartió con Etelvina muchos escenarios y dormitorios en el mundo, dijo que recordaba lo explosiva que era cuando subía a una tarima.


"A ella la veían así de flaquita y menudita y muchos creían que así sería la presentación, pero cuando escuchaban su fuerte y bien entonada voz la admiración crecía", señaló.


También recordó que a Etelvina le gustaban los boleros y los tangos, los que cantaba cuando estaba descansando, en especial uno que cantó Javier Solís: 'Esclavo y amo'.  "Tenía un sentimiento muy grande cuando cantaba boleros, y era admirable su afinación", recalcó.


Ya en su casa, la veterana cantadora era también un derroche de sentimientos. Cuenta Isabel Salgado, otra de sus hijas y quien la acompañó los últimos meses en su vivienda del barrio El Pozón, donde murió, que su mamá era muy consentida y le gustaba que la 'pechicharan'.


"A mi mamá le gustaba que le dijeran cosas bonitas, y yo le decía que era la más linda, la que cantaba más bonito, entonces me decía que le sobara los pies y las manos, mientras ella susurraba sus canciones", afirmó.


Igual parecer tiene Cecilia Silva, la corista y ahora nueva cantante del grupo. "Ella tenía una palabra muy dulce, era muy devota y siempre tenía un consejo a flor de labios, era como la 'mamá de los pollitos' para todos nosotros", expresó.


Pero para sus hijos, la enfermedad que acabó con la vida de Etelvina no fue la gastritis que casi la 'tumba' en una presentación en Bogotá, ni tampoco la avanzada tiroides que amenazaba con dejarla sin voz.  Etelvina comenzó a morirse, según Antonia Salgado, el día en que Humberto Salgado, padre de 6 de sus 9 hijos, murió en su regazo a mediados de 2007.


Era su soporte espiritual y físico, era quien la acompañaba a todas sus presentaciones y la animaba a seguir. Quien le masajeaba los pies entre presentación y presentación y el único que le interpretaba el ritual de la danza cuando bailaba bullerengue.


Desde es día, dicen sus hijas, Etelvina no fue la misma, a pesar del apoyo que recibió del grupo liderado por Stanley Montero y a pesar de lo que decía cuando le hablaban de la muerte.


"Mi papá murió a las 12 de la noche en punto, y, como si fuera un designio de Dios, comenzó a llover torrencialmente hasta las cinco de la mañana, pero yo creo que en el corazón de mi mamá nunca dejó de llover desde ese día", remató Isabel.
JUAN CARLOS DÍAZ M.
Corresponsal de EL TIEMPO
CARTAGENA

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